
InclusiviQUÉ?
«Las personas nunca caben en una etiqueta. Por suerte para ellas; por desgracia para los archiveros.» Lullaby
Qué represento
Intento representar un mundo vivo y completo. Eso implica que haya personas diversas, como las hay en el nuestro. Existen muchos modelos de familia, formas de entender la sexualidad y maneras diferentes de vivir cuando nos falta un sentido o una extremidad, o cuando una parte de nuestro cuerpo no funciona bien.
En Enybia hay de todo, como en nuestro mundo. A algunos personajes les tocan unas cosas; a otros, otras. Y a algunos, ninguna.
Tampoco quiero dulcificar esas diferencias compensándolas con otras virtudes, como ocurre en algunos juegos de rol, donde los mal llamados «defectos», «taras» o «rasgos negativos» conceden puntos para comprar nuevas habilidades.
Esas características sólo te hacen diferente.
Y ser diferente no te convierte en peor persona.
Soy blanco, rubio y con ojos azules, pero miope y, además, torpe. Puede que lo tenga más fácil en unas cosas, pero nadie es invulnerable.
No tiene por qué ser lo más obvio. Puede que el mundo encuentre ese punto y aprenda a golpear justo ahí.
La libertad de uno termina donde empieza la de los demás.
Un profesor me hizo una vez una pregunta que nunca he olvidado:
¿Quién te garantiza que dentro de veinte años los miopes no serán considerados una lacra social?
Nadie.
El límite de lo aceptable cambia con el tiempo. Por eso prefiero juzgar a las personas por cómo tratan a los demás, no por aquello que son.
Historia y diversidad
Dicho esto, las personas viven en Enybia. Algunas sobreviven y otras lo pasan canutas día sí y día también.
Mi intención es que cada personaje, con sus características y sus limitaciones, interactúe con el mundo, toque su parte de la Canción de la Creación y deje su huella.
Dicho de otro modo: si a un personaje le falta un ojo, lo oculta con magia y eso no afecta a la historia, quizá ni siquiera lo mencione. Si resulta importante en algún momento, lo diré.
De verdad que lo haré.
Lo único canónico es lo que ocurre en las historias que quiero contar. Pero esas historias no son sólo mías, sino también de quienes quieran compartirlas.
Si alguien quiere imaginar que Nana va en silla de ruedas, adelante. Si yo me la he imaginado paliducha y otra persona prefiere imaginar que su piel tiene color café, también está bien.
Enybia tiene una apariencia concreta dentro de mi cabeza. Es la que intento reflejar cuando escribo o encargo una ilustración.
Pero una novela no ocurre sólo en la imaginación del autor.
También ocurre en la de quien la lee.
Mientras la historia siga siendo la misma, me parece un buen lugar donde dejar espacio para las dos versiones de Enybia.