
La Orden de la Calabaza
«Durante mi reinado intenté averiguar cuántos eran, dónde se reunían, quién los dirigía y cómo sabían siempre dónde aparecer. No conseguí respuesta a ninguna de las cuatro preguntas. Si un brujo de la Calabaza llega a vuestras tierras, no intentéis detenerlo. Ya lo hice yo. Preguntadle qué quiere. Y prestad mucha atención a la respuesta. Mana Black, última Reina-Demonio de Lis
Vestimenta
Los miembros de la Orden de la Calabaza visten una túnica larga y holgada, acompañada por un sombrero del mismo estilo, de pico pronunciado y ala ancha. La indumentaria deriva de la apariencia habitual de Christine Áster y, con los siglos, terminó convirtiéndose en uno de los rasgos más reconocibles de la Orden.
Aunque existen variaciones en tejidos, adornos y tonalidades según la región o el propio brujo, la silueta general apenas ha cambiado.
Origen
La Orden de la Calabaza fue fundada por Christine Áster durante la etapa final de su vida pública. Tras abandonar la dirección de la escuela de magia de Lis y distanciarse progresivamente de las instituciones surgidas alrededor de la Segunda Vía, escogió entre sus discípulos a aquellos que consideraba más pacíficos y formó con ellos una nueva organización.
El nombre de la Orden procede de las tartas de calabaza que Paola, madre de Christine, preparaba para celebrar las mejores actuaciones musicales de su hija. Su filosofía inicial parece haber estado vinculada tanto al rechazo del uso indiscriminado de la magia como a la recuperación de prácticas que Christine había agrupado dentro de la Tercera Vía.
Con el tiempo, sus miembros abandonaron cualquier estructura territorial permanente y adoptaron una existencia itinerante, recorriendo el mundo de una comunidad a otra y permaneciendo en cada lugar durante periodos imposibles de predecir.
Organización
La Orden reconoce únicamente dos grados: brujos y aprendices. Cada brujo mantiene siempre a un único aprendiz, que lo acompaña durante sus viajes y recibe de él tanto formación como conocimiento de las tradiciones de la Orden.
Cuando un brujo se retira, su aprendiz ocupa su lugar. En ese momento abandona el nombre por el que era conocido hasta entonces y adopta el apelativo de su maestro. De esta forma, los sobrenombres no identifican necesariamente a una persona concreta, sino una posición dentro de una cadena de sucesores.
Estos nombres suelen hacer referencia a conceptos deliberadamente vagos o a lugares cuya existencia resulta difícil de comprobar: del Eco, Dorado, de los Sueños, del Bosque Azul y otros similares. En consecuencia, las fuentes históricas pueden mencionar durante siglos a un mismo brujo cuando, en realidad, se trata de personas diferentes que han heredado el mismo nombre.
La mayor parte del año, los brujos recorren el mundo acompañados por sus aprendices. No siguen rutas conocidas ni existen registros fiables sobre cuánto tiempo permanecerán en un lugar. Pueden abandonar una aldea tras una noche o permanecer varios años antes de continuar su viaje.
Durante la época de la cosecha, los brujos que se encuentran dentro de una misma región se reúnen en un aquelarre. Estas reuniones sirven para resolver asuntos internos, compartir información y formalizar el nombramiento de nuevos brujos.
La sucesión ordinaria exige que el aprendiz herede el nombre de su propio maestro. Sin embargo, existe una excepción cuando un brujo muere junto a su aprendiz. En estos casos, el aquelarre puede escoger a otro aprendiz de la región y concederle el sobrenombre perdido, preservando así la continuidad de aquella identidad dentro de la Orden.
La mayor parte del año, los brujos recorren el mundo acompañados por sus aprendices. No siguen rutas conocidas ni existen registros fiables sobre cuánto tiempo permanecerán en un lugar. Pueden abandonar una aldea tras una noche o permanecer varios años antes de continuar su viaje.
Su llegada a pueblos y pequeñas comunidades suele ser recibida con entusiasmo. Existe la creencia, reforzada por siglos de coincidencias difíciles de ignorar, de que un brujo de la Orden aparece allí donde hace falta. A veces llegan antes de una mala cosecha, durante una enfermedad, tras una disputa o poco antes de que ocurra algún problema que la comunidad todavía no ha detectado. No siempre explican qué los ha llevado hasta allí, y con frecuencia se marchan en cuanto consideran resuelto aquello que vinieron a atender.
Por ese motivo, incluso en lugares donde la magia académica despierta desconfianza, los miembros de la Orden de la Calabaza suelen encontrar comida, alojamiento y ayuda sin necesidad de pedirlos.
Poder
Cada brujo de la Orden manifiesta una peculiaridad mágica asociada a su sobrenombre. No está claro si estas características son aprendidas, heredadas junto al nombre o adquiridas durante el nombramiento. Los propios miembros de la Orden no suelen ofrecer explicaciones.
El Brujo del Eco es conocido porque su voz parece multiplicarse y rebotar en el entorno mientras conjura, incluso en espacios donde no debería producirse reverberación.
Cuando el Brujo Dorado utiliza magia, el entorno queda temporalmente bañado por una luz dorada cuya intensidad aumenta con el poder del hechizo.
El Brujo de los Sueños constituye uno de los casos más extraños documentados. No mantiene conversaciones directas con otras personas y se comunica exclusivamente a través de sueños, incluso para concertar encuentros o transmitir instrucciones.
La Bruja del Bosque Azul provoca que las hojas de los árboles cercanos adquieran temporalmente una tonalidad azul mientras utiliza magia. El efecto desaparece poco después de terminar el conjuro y no parece causar daños permanentes a la vegetación.
La relación entre estas manifestaciones y las capacidades reales de cada brujo continúa siendo objeto de discusión académica.
Curiosidades y folclore
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Entre los estudiantes más jóvenes de las instituciones mágicas resulta relativamente habitual considerar a la Orden de la Calabaza una reliquia pintoresca, formada por hechiceros itinerantes que conservan tradiciones anticuadas y procedimientos difíciles de justificar mediante la teoría moderna. Esta actitud suele desaparecer entre los magos de mayor experiencia.
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A lo largo de la historia, algunos gobernantes han observado con inquietud la frecuencia con la que los miembros de la Orden aparecen poco antes de epidemias, malas cosechas, conflictos u otras calamidades. En determinados periodos llegó a extenderse la sospecha de que los brujos no acudían porque algo fuera a suceder, sino que su llegada era la causa de aquello que sucedía después.
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Estas acusaciones provocaron varias campañas de vigilancia y persecución, especialmente entre nobles que consideraban demasiado conveniente que la Orden estuviera siempre en el lugar adecuado y en el momento preciso. Ninguna consiguió establecer una relación entre los brujos y los desastres que pretendidamente provocaban, y con el tiempo la mayoría fueron abandonadas.
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La creencia popular evolucionó precisamente en sentido contrario. En muchos pueblos se considera una fortuna que aparezca un brujo de la Orden, porque significa que, sea cual sea el problema que se aproxima, al menos alguien ya lo ha visto venir.
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Existe, sin embargo, una costumbre particularmente llamativa en el Imperio Eterno. Si un noble recibe una solicitud de audiencia de un brujo de la Orden, se considera apropiado interrumpir voluntariamente cualquier actividad que esté realizando para recibirlo. La tradición no establece excepciones. Se han documentado recepciones suspendidas, cacerías abandonadas y consejos interrumpidos por este motivo. También batallas.
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Se desconoce el número de brujos que existe exactamente.